top of page
Buscar

El arte de soltar: lo que he aprendido del “Dejar ir”

Actualizado: 2 sept

ree

Hay libros que llegan en el momento preciso, cuando la vida ya no puede sostenerse con las mismas respuestas de siempre. Para mí, Dejar ir de David Hawkins fue uno de ellos. No lo leí como una teoría más, sino como una práctica que empezó a transformar mi manera de relacionarme con lo que siento y con lo que me duele.


Aprendí que soltar no es olvidar ni negar, sino hacer espacio. Hawkins lo explica con una sencillez radical: lo que rechazamos se intensifica, lo que resistimos persiste. Pero cuando estamos dispuestos a sentir sin huir, sin juzgar, sin manipular, algo empieza a aflojar en el corazón. Esa es la verdadera libertad.



Lo que descubrí al practicarlo



  • Las emociones no son enemigas. Antes creía que debía controlar, tapar o superar lo que sentía. Ahora entiendo que cada emoción pide ser habitada con presencia. No para quedarme atrapada en ella, sino para permitir que siga su curso natural y se disuelva.

  • El cuerpo sabe liberar. Al rendirme a una emoción, ya sea miedo, tristeza, enojo, mi cuerpo empieza a soltar tensión. Es como si, al dejar de pelear con lo que siento, la energía encontrara su salida.

  • Soltar no es pasividad. No significa “no hacer nada”. Es un movimiento interno de aceptación que, paradójicamente, me devuelve claridad y fuerza para actuar de manera más consciente.

  • Cada vínculo es un espejo. He comprobado que las relaciones son terreno fértil para practicar el dejar ir. Soltar la necesidad de controlar al otro, de que me validen, de que todo sea como imagino, ha sido liberador. Los vínculos se sienten más ligeros y auténticos cuando no los cargo de expectativas.

  • El perdón empieza conmigo. Una de las lecciones más profundas: al aceptar y liberar mis emociones, me libero también de la culpa. El perdón deja de ser una idea mental y se convierte en un estado natural del corazón.




Vivir en el soltar



Hoy entiendo que dejar ir no es un destino, sino un camino continuo. Cada día la vida me invita a soltar un poco más: un pensamiento repetitivo, un miedo heredado, un apego que pesa. Y cada vez que lo hago, aparece una sensación de alivio y ligereza que no se compra ni se busca afuera.


Dejar ir es confiar. Es abrir espacio para lo nuevo sin necesidad de controlar cómo ni cuándo llegará. Es reconocer que no soy mis emociones, que lo que me duele no define quién soy.



Quizás tú también sientes que es hora de soltar algo: un recuerdo, una relación, un miedo. Te invito a probar este arte sencillo y profundo. No se trata de luchar contra lo que sientes, sino de permitirlo. Porque cuando dejamos ir, la vida fluye de otra manera.



 
 
 

Comentarios


bottom of page