
Durante muchos años..
aprendí a hacer lo que muchos hacemos cuando no sabemos cómo sostener lo que sentimos: seguir adelante y sobrevivir.
Fui funcional. Estudié, fui a la universidad y cumplí con lo que se esperaba de mí. Desde afuera, todo parecía estar bien, pero por dentro todo se sentía muy oscuro.
A los 19 años fui madre. Eso lo intensificó todo.
Ya no había pausas posibles. Cuando uno está deprimido a veces puede retirarse del mundo por momentos, pero ahora alguien dependía de mí. Ya no podía esconder lo que me estaba pasando.
Ese fue el primer gran quiebre.
Los años que siguieron fueron años de mucha desconexión. Sentía que no estaba realmente presente emocionalmente. Funcionaba en piloto automático, haciendo lo necesario para salir adelante. Y muchas veces eso es lo que hacemos cuando estamos sobreviviendo.
Hasta que llegó una noche muy oscura.
Después de esa noche decidí buscar ayuda en psicoterapia. Y, sinceramente, eso me salvó la vida.
La terapia fue el comienzo de algo nuevo. Empecé a entenderme, a mirar mi historia, a darme cuenta de cuánto de lo que vivimos queda guardado dentro de nosotros.
Ese fue mi primer contacto con el mundo del autoconocimiento. Comencé a leer, a investigar, a explorar herramientas como la meditación y distintas técnicas de respiración.
Con el tiempo fui recuperando fuerza para tomar decisiones importantes.
A los 26 años tomé una de las más grandes: decidí mudarme y reinventarme profesionalmente.
Ese cambio también me permitió empezar a reparar vínculos: con mi hija, con mi entorno, y sobre todo conmigo misma.
Tiempo después llegué al Valle Sagrado, en Cusco. Fue allí donde tuve mi primer encuentro con las plantas medicinales.
Participé en tres ceremonias que marcaron profundamente mi vida. Fue mi primer gran contacto con el plano espiritual.
Para ese momento ya había avanzado mucho gracias a años de psicoterapia y trabajo personal. Mis relaciones habían mejorado y había cambiado muchas cosas en mi vida.
Pero aun así, algo dentro de mí seguía sintiéndose apagado.
Ahí entendí algo importante: aunque sanemos muchas cosas, seguimos viviendo con programas internos que se formaron muy temprano en nuestra vida. Y no es tan simple como decidir que ya no están ahí.
Ahí llegó el segundo quiebre.
Fue entonces cuando encontré el Breathwork.
Comencé a practicar sesiones largas de respiración profunda y a explorar estados muy profundos de conciencia. A través de la respiración empecé a experimentar algo distinto: la posibilidad de liberar memorias, integrar experiencias y transformar patrones internos.
Para mí fue un nuevo comienzo.
Decidí formarme y convertir esa práctica en mi servicio..
Hoy comparto el breathwork como una de mis medicinas. Uno de los espacios más poderosos que facilito es el breathwork intencionado para la niña interior. Porque en esos estados profundos podemos volver a encontrarnos con esa parte nuestra, sentirla, sostenerla y darle nuevas experiencias.
El cuerpo y la mente no entienden del tiempo. Por eso, cuando creamos nuevas experiencias internas, algo realmente puede empezar a cambiar.
Actualmente formo parte del equipo de Willkamayu Spirit, un centro de retiros en el Valle Sagrado. Desde un rol más detrás de escena, apoyo el trabajo del equipo desde la gestión, la creatividad y el cuidado del espacio, sirviendo también como un puente para las personas que se acercan con el deseo de conocer la medicina.
No hace falta tocar fondo para volver a empezar!
Si la respiración estuvo ahí incluso cuando parecía que no quedaba nada, quizá también pueda abrir algo nuevo para ti, desde donde estés hoy.